En estos tiempos de nacionalismos exacerbados, recordemos a Cioran, melancólico y apátrida. Mi patria, al igual que la suya, es el suelo que piso en cada momento de mi existir. No pertenecer a ningún grupo, por que se existe más allá de la conciencia colectiva de sentirse algo. Todo el mundo busca rodearse de un halo de particularidad que le haga diferente de su vecino y a la vez igual a otras personas. Sentirse a la vez diferente pero buscando la uniformidad de otro grupo. Así surgen los nacionalismos, que conducen inexorablemente a los fascismos y a la creencia en la superioridad de un grupo sobre otro. ¡Qué triste el devenir del hombre! Incapaz de aprender a caminar por si mismo. Y tu Cioran, cuando desfilabas con el uniforme marcial de las Juventudes Hitlerianas captaste rápidamente a donde llevaba ese halo colectivo, por eso luego te declaraste apátrida.
Y en nuestro barrio unos son Latin Kings, otros Ñetas, otros Heavys, otros Rockers, otros del Opus Dei, otros Católicos, Luteranos, Wahabis, Sufistas y yo, “cargo lleno de penas lo que apenas soporto” por no pertenecer a ninguno de ellos.
¡Sé libre¡ ¡No te dejes arrastrar por el grupo¡
Y si acaso no pudieras evitarlo, intenta no pensar que tu entorno tiene la verdad y es una verdad superior a la de tu vecino.
¡Gracias CIORAN por ayudarnos a vivir¡
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